10 Características de un
Buen Docente

Te explicamos qué caracteriza a un buen docente y cuáles son sus principales atributos. Además, qué métodos de enseñanza utiliza.

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Existen diversos y discutidos modelos de docencia.

¿Qué es un docente?

El docente, profesor, maestro o enseñante son términos con los que designamos una vocación común, la de enseñar. Refieren a uno de los motores fundamentales de la constitución de las sociedades modernas, que es el de trasmitir a las generaciones venideras los valores y conocimientos que se consideran trascendentales, dignos y de gran importancia.

En la actualidad existen diversos y discutidos modelos de docencia que van desde la atención focalizada hasta la disciplina militar: algunos, más conservadores, consideran al alumno un ente pasivo que debe recibir el conocimiento de mano de sus tutores, y otros, más contemporáneos, proponen que alumno y profesor son entes activos en un proceso mutuo de enseñanza y aprendizaje.

Los docentes tienen entonces la misión de mantener viva y cohesionada una cultura, a la par de potenciar y alimentar el desarrollo de los talentos y las éticas individuales. Son, si se quiere, los principales responsables del mundo futuro.

Características de un buen docente

  1. Está dispuesto a aprender

El primer rasgo de un buen docente podría parecer paradójico a simple vista, pero como afirmaba el educador y político venezolano Luis Beltrán Prieto Figueroa: “No puede ser educador quien ha perdido la capacidad de aprender”.

La enseñanza dista mucho de ser un método único y rígido al cual todos sin distinción deben adaptarse, ya que el entendimiento se da a través de métodos variados y divergentes.

Un buen docente debe entender esta verdad profunda y estar dispuesto a replantear sus esquemas, variar sus metodologías y sobre todo a aprender de su propia experiencia de enseñanza.

  1. No descuida la propia formación

Así como los conocimientos se actualizan, un buen docente ha de plantearse retos de crecimiento que le impidan anquilosarse en sus métodos y en su abordaje de lo que enseña.

Debería ejercitar la investigación tanto como dedicar buen tiempo a la preparación de sus lecciones, pues nada es más desalentador que un docente poco interesado o poco instruido en su materia.

  1. Transmite su pasión por el aprendizaje

El poeta irlandés William Butler Yeats decía que la educación no era llenar un cubo, sino encender un fuego. Con ello quería decir que un docente ha de ser un propagador, un estímulo, que inspire a sus educandos en los caminos del aprendizaje, y no un simple repetidor de información. Un alumno bien educado será aquel que salga del aula con las ganas y las herramientas para entender más sobre el tema que estudia.

  1. Posee el don de la palabra

Más que nada en el mundo, la herramienta de un profesor es lo que dice. Por ende, ha de tener facilidades verbales que le permitan expresarse no sólo correctamente, sino de distintas maneras en caso de que necesite variar su abordaje del tema en cuestión. No siempre tendrá el mismo tipo de oyentes, después de todo.


  1. Cuenta con buenas reservas de paciencia

La comprensividad es clave a la hora de construir un puente comunicativo entre un docente y sus alumnos. No todos aprenderán de la misma manera, ni tendrán las mismas capacidades, ni los mismos talentos, ni las mismas condiciones familiares. Un buen docente ha de ser generoso con su atención y con el tiempo que requieran sus estudiantes para entenderle.

  1. Es entusiasta y entregado

La docencia es un oficio que rinde tarde sus frutos. Eso no debería desalentarle. Por el contrario, el docente ha de poseer una confianza innata en el sentido de trascendencia de su labor, pues sólo con el tiempo la educación se hace evidente; pero cuando lo hace, por encima de muchas cosas, se hace notar.

  1. Posee entereza y autoridad

Esto no significa que debe ser un padre castigador o una especie de dictador en el aula. Todo lo contrario, ha de saber ganarse el respeto de sus alumnos a partir de convertirse en un vínculo positivo y un modelo a seguir.

Sobre todo con público difícil como el adolescente o personas en situaciones de riesgo, eso puede eventualmente implicar imponerse, otorgarse un lugar de autoridad en el aula. Hay formas inteligentes de hacerlo.

  1. Es humilde

Alardear de los títulos obtenidos o ampararse en el cargo que se ocupa es un pobre método para adquirir el respeto y una mala manera de plantear un vínculo docente.

Los alumnos no están allí para satisfacer el ego del profesor; en todo caso para aprender a lidiar con el propio. Un buen docente ha de ser accesible y amable, no hace falta estar siempre sobre un pedestal.

  1. Valora y estimula la creatividad

No siempre un examen escrito será la mejor forma de medir el aprendizaje. No siempre lo que pone el libro será la enseñanza más útil de una sesión.

Un buen docente no olvida que para adquirir información están los libros y las bibliotecas: a la clase se va a incorporar una dinámica de pensamiento, que bien ha de contemplar la creatividad, la originalidad y la capacidad de reflexión, por encima de la memorización de datos duros.

  1. Es intuitivo y observador

Los detalles, como dice el proverbio, lo son todo. Un buen docente sabe cuándo aproximarse a un alumno distante, cuándo exigirle mayores resultados a uno flojo y cómo evaluar a un grupo de personas de muy distinto potencial.

Se trata de apreciar los procesos individuales de aprendizaje sin perder la noción de conjunto y de natural competición. Un docente ideal debe saber de sus alumnos mucho más que su expediente de notas.


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Enciclopedia de Características (2017). "Buen Docente". Recuperado de: https://www.caracteristicas.co/buen-docente/