10 Características de la
Colonización de América

Te explicamos todo sobre la Colonización de América, la repartición del territorio entre las potencias europeas, y sus características principales.

calendario maya
El famoso y tan preciso calendario maya.

¿Qué fue la Colonización de América?

La colonización europea del continente americano fue un proceso histórico de apropiación y ocupación de los territorios ultramarinos recién “descubiertos” por Colón en el año 1492, por parte de las grandes potencias europeas.

Los principales interesados en el reparto del llamado Nuevo Continente fueron el Imperio Español y el Imperio Portugués, y posteriormente el Imperio Británico, Reino de Francia y los Países Bajos. También existieron iniciativas mucho menores de parte de Alemania, Dinamarca, Suecia, Rusia, Italia y Escocia.

Este proceso se inició a finales del siglo XV y culminó con las numerosas Guerras de Independencia americanas del siglo XVIII que dieron origen a un conjunto de jóvenes repúblicas autónomas, cuyo destino era convertirse en los actuales países americanos.

En líneas generales se entiende por colonización del continente americano el conjunto de dos etapas distintas:

  • La Conquista de América, período de violentos enfrentamientos entre los invasores europeos y los distintos y numerosos pueblos aborígenes americanos, como el Imperio Azteca o el Imperio Incaico, entre muchísimos otros.
  • La Colonización propiamente dicha, durante la cual se fundó una sociedad colonial dependiente de Europa y estructurada en base a clases raciales bien delimitadas: negros, indios y blancos.

Características de la Colonización de América

  1. El genocidio más sangriento

La llegada de los colonos europeos a América no fue precisamente en son de paz. Venían en pos de territorios nuevos que anexar a sus distintos imperios, sedientos de nuevas riquezas y en franca competencia por la supremacía mundial.

Los distintos reyes administraban jurídicamente los permisos para la conquista, que financiaba la burguesía insurgente de la época y que consistían básicamente en ocupaciones militares y la fundación forzada de los primeros poblados europeos en el continente.

Ello implicaba, claro está, subyugar a las distintas naciones aborígenes que se resistían al saqueo, cuando no simplemente erradicarlas o reducirlas a reservas, como en el caso de la conquista británica. A eso debe sumarse la debilidad de los pueblos nativos frente a la viruela y las distintas enfermedades que llevaron consigo los europeos, cuyas consecuencias se sintieron más allá del fin de la guerra, así como su aniquilación sistemática en labores forzadas impuestas por sus conquistadores.

Las víctimas totales de la invasión del continente americano se estiman en unos 70 millones de muertos, la matanza más grande en la historia de la humanidad.

  1. La incorporación de la esclavitud

Dado que las diezmadas poblaciones aborígenes no eran suficientes en número y en destrezas para el trabajo de fundación y sostén económico de las nacientes colonias europeas, se inició el traslado forzoso de esclavos africanos hacia América.

Estos individuos eran arrancados de sus tierras y vendidos a colonos y latifundistas europeos para iniciar la explotación de los diversos bienes económicos que abundaban en el Nuevo Continente, ya sea agrícolas, minerales y pesqueros.

Los negros esclavos carecían de todo tipo de derechos y estaban sujetos a la voluntad de sus amos blancos, mientras que los indios ocupaban un estado de semi-esclavitud denominado servidumbre, encargados de tareas domésticas y exploratorias. Ninguno, sin embargo, era tenido por individuo libre ni tenía derecho a bienes o a propiedades.

  1. La repartición del continente

A grandes rasgos, la repartición del territorio americano entre las principales potencias europeas se dio de la siguiente manera:

  • La colonia española, la primera y más extensa de todas, ocupó en su mayoría el territorio de la actual Hispanoamérica, desde el Río de la Plata hasta los territorios mexicanos, incluyendo parte del Caribe y de las Antillas. Este territorio se dividió en cuatro grandes virreinatos: el Virreinato de la Nueva España, el Virreinato del Perú, el Virreinato de Nueva Granada y el Virreinato del Río de la Plata.
  • La colonia portuguesa abarcó en su totalidad lo que hoy es Brasil, dividida en quince capitanías de casi doscientos cincuenta kilómetros de ancho cada una, otorgadas vitalicia y hereditariamente a nobles portugueses encargados de su explotación comercial. En 1549, sin embargo, el Rey designó a un Gobernador General para toda la colonia.
  • La colonia británica, mucho más dispersa en el origen de sus colonos, se afianzó en Norteamérica en franca competencia con los franceses a través de trece primeras colonias, constituidas mediante sucesivas oleadas de inmigrantes y sus esclavos negros entre los siglos XVII y XVIII. Luego de vencer a Francia en la Guerra de los Siete Años (1756-1763), los ingleses asumieron el control total del territorio del continente norteamericano. También tuvieron influencia en las Antillas y en el Caribe.
  • La colonia francesa también se instaló en la América del Norte, más específicamente en Quebec y otros territorios de la actual Canadá, aunque también en importantes franjas costeras de lo que hoy es Estados Unidos, amén de algunas islas de las Antillas. Muchas de estas colonias antillanas eran mayoritariamente negras, a raíz del colosal movimiento de mano de obra esclava.
  • La colonia holandesa fue bastante menor en comparación con las anteriores, pero tuvo importantes asentamientos en Norte América (la actual Nueva York fue inicialmente una Nueva Ámsterdam holandesa), Brasil y las Antillas menores (Curazao). Sin embargo, la vida de sus colonias fue más bien efímera.

  1. La expansión de la Iglesia Católica

Una de las improntas más fuertes del colono español era su rabioso catolicismo anti reformista, producto de la exclusión de España de las filosofías renacentistas durante la Reconquista (722-1492) contra el Islam.

Esto determinó que la Iglesia Católica jugara un rol importante en la conquista, como brazo moral y cultural de la imposición española sobre los pueblos americanos. El principio de “Tierras para la cristiandad” o de ganar almas para la Iglesia, justificaba el principio de la violencia como un mecanismo de conversión forzosa.

En honor a la verdad, habría que señalar también la bula papal Sublimis deus, promulgada por Paulo III en 1537, en donde afirmaba el derecho de los indígenas a la libertad y a recibir una educación cristiana. Ello amparó a la diezmada población indígena de las brutalidades de la esclavitud, pero no de la imposición cultural que prohibió sus costumbres y sentenció la mayoría de sus lenguas a la extinción.

Asediada por la reforma protestante del norte de Europa, la Iglesia Católica halló en la conquista de América y en el rol predominante que junto a su Santa Inquisición jugó en el orden de la naciente sociedad colonial, el oxígeno suficiente para sobrevivir hasta nuestros días.

  1. El mito de El Dorado

La desmedida ambición de los conquistadores españoles, quienes solían ser ciudadanos de a pie buscando su fortuna en las Américas para volver a una posición mejorada en Europa, los llevaba a menudo a creer en leyendas de origen incierto, respecto a ciudades hechas todas de oro y plata y otras riquezas.

A esas ciudades imaginarias las denominaban los indígenas El Dorado, y muchas expediciones se perdieron siguiendo su rastro supuesto en las selvas de la Amazonía.

  1. El inicio de la mundialización

La conquista del territorio americano, rico en recursos y en territorio explotable, y más aún la constitución posterior de una sociedad colonial, dependiente en lo jurídico de Europa pero mucho más vital en lo económico, sembró los cimientos del comercio intercontinental y de las muchas empresas de explotación de productos que sobrevinieron.

Esto se hizo particularmente notable después de la Independencia Americana, cuando las jóvenes naciones se convirtieron en los más grandes y cercanos vendedores de materia prima de Occidente, un rol que ocupan todavía, desplazando incluso el comercio con India y las colonias orientales.

  1. El mestizaje

La sociedad colonial sostuvo sus normativas raciales hasta el final de sus días, pero eso nunca implicó que no hubiera contacto y sincretismo entre las razas. Era frecuente en el Brasil colonial que los colonos portugueses tomaran esposas indígenas y engendraran una descendencia difícil de catalogar, lo mismo que hacían los amos españoles con sus esclavas negras, dando origen a familias paralelas a la de su matrimonio europeo. Los colonos ingleses, en cambio, puritanos en su mayoría, fueron siempre renuentes a la mezcla.

Hizo falta, entonces, nuevas designaciones para las mezclas resultantes, cuyo término más arbitrario sería el de “pardo”, categoría en la que entraba todo aquello que resultara inclasificable y sospechosamente mixto.

Tal y como las distinciones raciales, las culturales tampoco no fueron tan tajantes como pareciera, y la prolongada convivencia entre las razas propició un sincretismo creciente, cuyo resultado es el crisol cultural que hoy caracteriza a la América Latina.

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  1. La sociedad colonial de clases

Si bien la distinción racial era clave en el reparto de los derechos durante la colonia, con un margen de movilidad social prácticamente nulo, era la participación en el trabajo manual, algo muy mal visto según las doctrinas católicas imperantes, la que separaba a la élite de las clases inferiores.

De esa manera, la sociedad colonial estaba integrada, en primer lugar, por una clase superior blanca y europea, minoritaria, que acaparaba los cargos de funcionariado estatal o se dedicaban al comercio a través de grandes plantas de producción con mano esclava. En segundo lugar, por una servidumbre indígena y un variado sector mestizo que ocupaba una posición comercial intermedia, y finalmente los esclavos negros, mulatos o zambos, encargados de las labores mineras, agrícolas y de mano de obra.

Este sistema de desigualdades fue clave para sembrar la semilla de la rebelión libertadora que, en muchos casos, ofrecía la posibilidad de una sociedad heterogénea de ciudadanos libres e iguales.

  1. Regiones no controladas por los conquistadores

Algunas zonas de más difícil acceso o más cuestionable supervivencia, como la selva amazónica, la Patagonia austral, el Gran Chaco y los desiertos del norte de Centroamérica, no pudieron ser jamás reducidos a control de los europeos.

Gracias a ello se mantuvieron, y algunos lo hacen aún hoy en día, como los últimos bastiones de sociedades precolombinas en un continente que les fue arrebatado.

  1. Discrepancias en torno al término

Aunque parezca mentira, existen aún posturas encontradas en torno al modo en que se debe nombrar y recordar la conquista y colonización americanas. Movimientos indigenistas y de memoria aborigen han luchado a favor de la visibilización y reconocimiento de la masacre de los pueblos nativos, en contra de eufemismos como “el encuentro de dos mundos” o “el día de la raza”.

Incluso se ha cuestionado el término “descubrimiento” para nombrar la llegada de Colón a las Américas en 1492, dado que ya existían sociedades ocupando ese territorio y que, por otro lado, los pueblos vikingos ya habían visitado el este canadiense en épocas anteriores.

Lo cierto es que el debate en torno al término continúa, evaluando los aportes culturales y la rápida modernización que la conquista imprimió al continente, pero también el descomunal costo humano que ello supuso.


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Enciclopedia de Características (2017). "Colonización de América". Recuperado de: https://www.caracteristicas.co/colonizacion-de-america/