10 Características de un

Prólogo

Te explicamos qué es un prólogo, para qué sirve, su estructura y los elementos que lo componen. Además, ejemplos y cómo escribirlo.

prologo
Un prólogo brinda información que mejora la experiencia de lectura.

¿Qué es un prólogo?

Un prólogo es un texto más o menos breve que se encuentra al inicio de una obra literaria, y que le brinda al lector una introducción a su contenido. Se ubican siempre al inicio de la obra, pues si se encuentran al final de ésta pasan a llamarse epílogos, aunque cumplan con las mismas funciones.

Generalmente es escrito por alguien que no es el autor del libro, pero que lo conoce a cabalidad y es capaz de aportarle al lector información que mejore su experiencia de lectura o que le sirva para entender el contexto de la obra, entre otras cosas. A quien escribe un prólogo se le denomina prologuista.

Es posible que una obra reúna varios prólogos diferentes en una misma edición, que pueden ser o no del mismo prologuista. En estos casos, se los suele mantener con una aclaratoria de a qué edición pertenecen (“prólogo a la segunda edición”, por ejemplo) para documentar la manera histórica en que dicha obra fue percibida a lo largo del tiempo.

Las obras con varios prólogos suelen ser las obras clásicas con muchas ediciones, reimpresiones y que ocupan un lugar central en la cultura. Pero incluso cuando es uno solo, junto al prólogo suelen ir diversas partes previas de la obra, como dedicatorias, epígrafes y otros textos iniciales o aclaratorios, como cartas al lector o prefacios.

Los prólogos forman parte de la crítica literaria. En ocasiones excepcionales pueden llegar a ser incluso más importantes que la obra prologada en sí.

Además: Textos literarios

Características de un prólogo

  1. Significado de «prólogo»

La palabra “prólogo” proviene del griego Pro, “antes de” o “a favor de”, y logos, “palabra” o “discurso”.

Su origen proviene del teatro griego, especialmente la comedia, en que uno de los actores se adelantaba antes del inicio de la obra para proferir unas palabras al público.

En ellas detallaba ligeramente el argumento y la situación inicial de los hechos. Ese preámbulo se conocía como prólogos.

No existen realmente tipos de prólogo como tal, pero se pueden diferenciar los prólogos por su contexto y sus intenciones. Por ejemplo:

  • Prólogo literario: Forma en sí mismo una pieza literaria.
  • Prólogo analítico: Ofrece información técnica, académica o especializada.
  • Prólogo personal: De índole más bien íntima o confesional.

En ese sentido, podría haber tantos tipos de prólogo como intenciones tenga el prologuista. Incluso puede haber prólogos hechos por el mismo autor de la obra (prólogo autoral).

Los prólogos, en línea general, cumplen la función de aportar información adicional a la obra prologada. Se trata de un texto aclaratorio, de lectura opcional y que puede leerse por separado de la obra, ya que generalmente constituye un aporte en sí misma.

Puede servir al lector para entender la obra a cabalidad o bien para que sepa interpretar sus momentos difíciles u oscuros. Por otro lado, puede informar sobre sus orígenes o señalar sus virtudes, por qué se escribió y para qué.

En ciertas obras musicales, existe también una fase inicial llamada prólogo, que cumple con un rol introductorio menos claro, y que pertenece al propio compositor. Suele llamársele también “preludio”.

Los prólogos generalmente son piezas de autoría única, que obedecen a los criterios del prologuista y no suelen tener una estructura fija o única, ni partes obligatorias. Sin embargo, al ser un texto de corte ensayístico, en prosa, suele constar de la estructura ordinaria de cualquier escrito de esta naturaleza:

  • Introducción. En la que se da al lector una información previa, necesaria para poder proseguir la lectura del resto del prólogo. Por ejemplo: dónde conoció al autor, cómo llegó a la obra, por qué la obra es importante, cómo fue su primer contacto con ella, etc.
  • Desarrollo. La parte media del escrito, en donde el prologuista arroja sus argumentos para sostener su apreciación de la obra, generalmente acudiendo a citas textuales o a comentarios de terceros.
  • Cierre. En donde el prologuista termina su exposición, a menudo con las ideas, comentarios o imágenes con que desea que el lector inicie la obra, o con algún tipo de estímulo a emprender su lectura.

Los prólogos pueden echar mano a prácticamente cualquier cosa, pero los elementos más usuales en ellos son:

  • Citas textuales. Fragmentos extraídos de la obra que se leerá, que evidencian lo dicho o le sirven de “prueba” para alguna explicación de la obra.
  • Referencias de terceros. Comentarios hechos por otros críticos, autores, opinadores o autoridades en la materia, sobre la obra prologada.
  • Apreciaciones personales. El prologuista puede opinar, emitir juicios o juzgar elementos de la obra que considere interesantes, polémicos o curiosos.
  • Cronologías. No es inusual que los prólogos contengan cronologías de la trayectoria del autor, de la composición de la obra o de su historia editorial, de tratarse de un clásico o de un libro polémico, como los libros prohibidos.
como escribir un prologo
Antes de comenzar a escribir un prólogo son necesarias ciertas preparaciones.

Para hacer un prólogo, algunas condiciones indispensables:

  • Leer la obra entera. Parece obvio, pero no se puede prologar algo que se desconoce. Si uno va a escribir un prólogo, debe tener en claro de qué trata la obra.
  • Investigar sobre la obra y el autor. Un prologuista no puede no saber elementos importantes sobre la vida del autor, sobre la publicación de la obra, sobre su recepción crítica, especialmente si es un clásico o una obra importante.
  • Elegir la información relevante. Para hacer el prólogo es indispensable tener qué decir, y para ello se debe asumir una postura frente a la obra. ¿Qué detalles contextuales nos resultaron importantes de saber para la lectura de la obra? ¿Qué información hubiésemos agradecido tener antes de leerla? ¿Qué partes de ella nos resultaron las más significativas?
  • Escoger el respaldo crítico. Una vez decidida la postura, podremos acudir a la obra y a la crítica o a la historia para obtener evidencia que sustente nuestro punto de vista, escogiendo citas, referencias y otros elementos que nos vengan a mano para empezar a decir lo que tenemos que decir de la obra.
  • Empezar a escribir. El prólogo funciona como un texto cualquiera, así que debe estar bien escrito, debe ser diáfano, amigable y debe satisfacer las expectativas que genere en el lector.

Si el dilema es cómo iniciar el prólogo, conviene revisar los pasos detallados en el punto anterior y asegurarse antes que nada de que no esté faltando ninguno.

Una vez hecho esto, es buena idea revisar el material elegido, las citas tomadas, y ordenarlo todo en función de la importancia que tiene, para saber cuál será el centro, el eje, de lo que tenemos que decir. Todo ello nos servirá de orientación para iniciar.

Una técnica que emplean muchos prologuistas es la de iniciar con algo anecdótico: un recuerdo de su amistad con el autor, de la primera vez que escucharon hablar de él, de su primera lectura de la obra o de por qué el tema le resulta particularmente importante. Estos son métodos eficaces para elaborar una introducción personal a la obra.

  1. Obras que suelen prologarse

Suelen prologarse todo tipo de obras: novelas, relatos, libros de poemas, antologías (del mismo autor o de varios autores), tesis ensayísticas, libros de crónica, compilaciones de correspondencia, guiones de cine, libros académicos, estudios científicos… cualquier tipo de texto que pueda considerarse y que requiera de algún tipo de presentación.

  1. Epílogos

Los epílogos son comentarios y reflexiones que se le ofrecen al lector luego de que ha leído la obra. Funcionan a modo de conclusión, de cierre, aprovechando que acaba de culminarla y no se corre el riesgo de adelantarle nada y arruinarle alguna sorpresa. Se los puede considerar prólogos ubicados al final de la obra.

Algunos ejemplos de prólogo son:

“Desocupado lector: sin juramento me podrás creer que quisiera que este libro, como hijo del entendimiento, fuera el más hermoso, el más gallardo y más discreto que pudiera imaginarse. Pero no he podido yo contravenir al orden de naturaleza, que en ella cada cosa engendra su semejante. Y, así, ¿qué podía engendrar el estéril y mal cultivado ingenio mío, sino la historia de un hijo seco, avellanado, antojadizo y lleno de pensamientos varios y nunca imaginados de otro alguno, bien como quien se engendró en una cárcel, donde toda incomodidad tiene su asiento y donde todo triste ruido hace su habitación? (…)

  • Prólogo de José Martí al “Poema del Niágara” de Juan Antonio Pérez Bonalde (1882) (fragmento):

¡Pasajero, detente! ¡Este que traigo de la mano no es zurcidor de rimas, ni repetidor de viejos maestros, -que lo son porque a nadie repitieron,- ni decidor de amores, como aquellos que trocaron en mágicas cítaras el seno tenebroso de las traidoras góndolas de Italia, ni gemidor de oficio, como tantos que fuerzan a los hombres honrados a esconder sus pesares como culpas, y sus sagrados lamentos como pueriles futilezas! Este que viene conmigo es grande, aunque no lo sea de España, y viene cubierto: es Juan Antonio Pérez Bonalde, que ha escrito el Poema del Niágara (…).

Referencias:

¿Cómo citar?

"Prólogo". Autor: Julia Máxima Uriarte. Para: Caracteristicas.co. Última edición: 17 de mayo de 2019. Disponible en: https://www.caracteristicas.co/prologo/. Consultado: 20 de julio de 2019.